"La Lola Mora"

"FUENTE DE LAS NEREIDAS"
En la costanera sur de Buenos Aires, en el barrio de Puerto Madero, muy cerca del Centro de Museos de la ciudad, y frente al Museo de Calcos "Ernesto de la Cárcova", encontramos la Fuente de las Nereidas, creación de la reconocida escultora tucumana Lola Mora, por ende también se la conoce como "fuente de la Lola Mora".
La obra, inaugurada en 1903, fue criticada y rechazada por la sociedad de la época por los desnudos que presentaba. El proyecto era emplazar la obra en la Plaza de Mayo, pero las protestas de la sociedad ya que pensaban que "cómo podrían haber desnudos a 20 metros de la Catedral?" hicieron que se revea su ubicación. Mataderos, que estaba despoblado, Parque Patricios, fueron opciones, hasta que se decidió colocarla en el entonces "Paseo de Julio" (hoy Além y J.D. Perón). Finalmente llegó a su ubicación actual.
Está esculpida en mármol de Carrara y representa el mítico nacimiento de Venus surgiendo de una valva marina junto a un séquito de nereidas.
El verdadero sentido de esta escultura se relaciona con la creación del ideal de belleza femenina, correlativo al resurgir de la idealización platónica, que aunque inalcanzable en la naturaleza concreta de lo humano, es perfectamente definible como una idea espiritual y como el ensueño de los ideales renacentistas.
La obra fue ideada y esculpida en Roma, mientras la autora residía allí.
La belleza ideal inmersa en los tres elementos de la materialidad, con una gran armonía y unidad con la tierra, el agua y el aire. Sin embargo, como ocurre en otras muchas obras del Renacimiento, tiene un oculto sentido iconográfico cristiano relacionándolo con el renacer de la vida del cristiano mediante el bautismo.
La Lola Mora Nació en territorio del Obispado de Tucumán, hoy Salta, es por eso que se la considera Tucumana, pero se "discute" su origen.
No fue fácil para Lola Mora imponer su arte, tuvo que luchar por conservar su lugar como artista mujer...
Además sus desnudos fueron resistidos, conceptos propios de comienzos del siglo veinte, lo que la obligó a modificar bocetos y maquetas, y a cubrir un poco más sus proyectos antes de llevarlos a la piedra. Y fue puesta en duda su moralidad, sin asidero alguno.










